
En algún momento de la vida (o más bien en múltiples momentos de la vida) nuestro estado anímico se convierte en una verdadera montaña rusa emocional: cambiamos de las risas felices a las risas nerviosas y del llanto de alegría al llanto apesadumbrado en un santiamén.
A veces meditamos un tiempo intentando comprender las causas y no logramos entender... afortunadamente están ahí (bien cerquita) quienes nos ayudan a ver las cosas con más claridad, incluso a disfrutar del viaje, pues suele suceder que hasta nos acompañan en él: terminan haciendo las mismas locuras que nosotros, compartiendo cada momento, cada sonrisa y carcajada del día, incluso vierten lágrimas solidarias, y entonces agradeces que Ellos llenen tu vida.
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